Cuento enviado por Lucía Málaca, desde Veracruz, México
En la transparencia de una profunda y tibia laguna, donde se escuchaba la hermosa melodía del vaivén de las aguas, el cantar del viento y el ritmo del caminar de los animales, se encontraba un sapito muy alegre y coquetón, saltando de roca en roca entonando una canción, era Benito, El Sapito Juguetón.
Cada día al levantarse se daba un chapuzón y se posaba en una roca cantando una canción: “Soy un sapito tan lindo y juguetón que nadie me iguala cantando mi canción”.
¡Que hermoso día!, ¿A quien conquistaré hoy? Nadie se resiste a mi belleza, ni a mi inteligencia, soy un sapo tan fino que todo puede, y no necesita a nadie, pero todos necesitan de mí ¡Soy tan guapo!, cantaba.

Ilustración: Héctor Borlasca
El sapito se colocó un sombrero rojo en su áspera cabeza y un perfumado clavel, y mirándose en la transparente laguna, exclamó: ¡Qué guapo y hermoso soy! Qué aroma exhalo hoy, todos me aclamarán y me aplaudirán cuando me vean pasar.
Benito inició su caminata por el campo y se encontró con una mariposa de bellos colores a quien miro con indiferencia. Mia, La Mariposa, lo observaba sonriendo. -¡Hola Benito! Qué guapo y perfumado vienes, dijo.
-Así soy yo, respondió el sapo sin mirarla.
Mia, muy coqueta, preguntó: ¿Te gusta mi nuevo color y el brillo que tengo en mis alas? Lo adquirí con ayuda de las flores, del viento y del sol.
-Yo soy hermoso sin ayuda de nadie - respondió el sapo.
La mariposa muy triste y enojada se alejo.
Un gusano que lo miraba con temor le gritó: -¡Benito, qué bien hueles hoy!
-Así soy yo sin ayuda de nadie, respondió Benito.
El tembloroso gusanito que se escondía entre las hojas, sonrió y se cubrió.
Mientras tanto, el sapo muy altivo de un salto aplastó a una indefensa flor.
-¡Ay! -se quejó la rosa. “Ten cuidado, Señor Sapo, que me has hecho daño al darme un pisotón. Cómo con tan grandes ojos eres tan cegatón”.
El sapo enfadado respondió: “Ciego no soy, no me gusta que nadie se cruce en mi camino, favores no doy, todos necesitan de mí y yo no necesito de nadie”.
-Qué suerte tienes, dijo la rosa- “Yo para tener mi color necesito de la tierra, el agua y el sol.
Y el sapo indiferente al dolor y lágrimas de la rosa, se fue saltando de flor en flor, sin darse cuenta que una noria estaba abierta y al fondo cayó.
-¡Auxilio! ¡Socorro! Ayúdenme que un sapo como yo no debe morir, gritó.
La mariposa que lo escuchaba, se acercó y preguntó: “¿Quien anda allí?”.
El sapo, agitado contestó: “Soy yo, Benito. Sácame de esta profundidad”.
-Tú lo puedes todo, salta y salta y a la cima llegarás, le respondió la mariposa en tono burlón.
La rosa que estaba escuchando le dijo: “Salta Benito, salta, que de salto en salto a la superficie llegarás, tú lo puedes todo y no necesitas de nadie, de lo contrario yo te ayudaría”.
El sapo llorando su vanidad y viéndose perdido, gritó con mucho esfuerzo: -¡Ayúdenme, por favor!
El gusano asomó su cabeza y moviendo su flácido y débil cuerpo gritó: “¡Benito, salta, salta que a la cima llegarás. Tú lo puedes todo, no necesitas de nadie, demuéstralo!
Como el sapo, apenado y avergonzado, decía ya en voz baja: -¡Ayúdenme, por favor!
Todos al mismo tiempo respondieron: “Está bien, Benito, te ayudaremos. Sí eres un sapito lindo y juguetón, pero esta vez, aprendiste tu lección”. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.



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